SALT I Y SALT II
Las Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas (SALT), iniciadas en 1969, continuaron en 1972. En mayo de ese año, durante la visita de Nixon a Moscú, se firmaron dos acuerdos entre Estados Unidos y la Unión Soviética; uno de ellos limitaba el número de misiles balísticos y el otro restringía los sistemas de lanzamiento de misiles.
Estados Unidos y la URSS continuaron discutiendo acuerdos sobre negociación de armamentos. En mayo de 1990 Mijaíl Gorbachov y el presidente estadounidense George Bush aprobaron un tratado para acabar con la producción y reducir las armas químicas almacenadas, y en julio de 1991 firmaron el acuerdo SALT I, por el que se requiere a ambas naciones la reducción en un 25% de sus arsenales nucleares estratégicos.
Ambos países tendían también a la reducción de su armamento convencional y a continuar el planeado repliegue de sus tropas en Europa.
La desintegración de la Unión Soviética a finales de 1991, hizo aflorar una complejidad de nuevos problemas. Las armas nucleares estratégicas se encontraban localizadas en Rusia, Ucrania, Kazajstán y Bielorrusia, y al establecerse la Comunidad de Estados Independientes, con un solo mando unificado sobre tales armas, los temores más inmediatos perdieron buena parte de su consistencia.
Un paso adelante en el desarrollo esperanzador de este proceso fue el representado por el tratado SALT II, firmado por Bush y el presidente ruso Borís Yeltsin en enero de 1993, limitando los misiles balísticos a bordo de submarinos, junto con la propuesta de eliminar casi las tres cuartas partes de las cabezas nucleares y la totalidad de los misiles de cabeza múltiple con base en tierra estadounidenses y ex soviéticos. Para el año 2003, las cabezas nucleares de cada potencia se redujeron a unas 3.000.

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