Una conducta temeraria es lo último que se puede tener cuando estamos ante una emergencia ciclónica, mucho más si se trata de una persona que por vez primera pudiera estar viviendo esa experiencia.
La primera recomendación a un viajero puesto ante la “aventura”
de vivir las emociones de un ciclón tropical o para el curtido habitante de un área geográfica golpeada frecuentemente por estos fenómenos, es no confiarse nunca, mantenerse alertas y sobre todo informados.
La fuente de información ideal son los avisos que de manera sistemática trasmiten los meteorólogos, la Defensa Civil y las autoridades en general por la radio y la televisión, fundamentalmente.
Si usted necesita ser evacuado, por hallarse o residir en zonas de peligro, debe cumplir estrictamente con esa medida y sin demorar más del tiempo previsto por las autoridades para esa operación.
Debe poner a salvo sus bienes personales, asegurar las viviendas y limpiar azoteas, balcones y alcantarillas de agua.
Una vez que el ciclón tropical esté transitando por la zona donde
se encuentra no deberá exponerse a la intemperie, o sea a la acción de los vientos y las lluvias, pues puede ser muy peligroso para la vida. Hasta los vientos de tormenta tropical, que es una categoría inferior a la de un huracán, pueden ser peligrosos para
la integridad física de cualquier persona.
No se debe tocar ningún cable eléctrico caído en el suelo, transitar sin necesidad por calles inundadas, cruzar ríos crecidos, pescar en presas o sus aliviaderos o acercarse a la costa, pues muchos de los hechos lamentables ocurridos durante el paso de un huracán se deben a esas causas.
Protegerse de los efectos de los vientos, de las lluvias intensas,
del oleaje, de las penetraciones del mar y las inundaciones en sentido general, es una recomendación que usted debe seguir al pie de la letra, con calma y ecuanimidad.
Después de la tormenta, siempre se podrá volver a empezar.
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