Winnipeg'67: paso a los puños cubanos

Rolando Garbey inició la senda victoriosa del boxeo cubano.Para el boxeo aficionado cubano los V Juegos Panamericanos, disputados del 23 de julio al 6 de agosto de 1967 en la ciudad canadiense de Winnipeg, abrieron un sendero de triunfos del cual cuatro décadas después ningún otro país ha podido apartarlo.

En esa cita hemisférica tres púgiles de la mayor de las Antillas subieron a lo más alto del podio de premiaciones, otros tantos alcanzaron medallas de plata y uno más consiguió bronce, para relegar a la segunda plaza a Estados Unidos (3-0-4).

Los campeones continentales de la Isla fueron el ligero Enrique Regüeiferos, el medio ligero Rolando Garbey y el welter Andrés Molina, en tanto Fermín Espinosa (gallo), Francisco Oduardo (pluma) y José L. Cabrera (pesado) se vistieron de plata.

Más si sobre el encerado los boxeadores cubanos marcaron pautas, en el diamante beisbolero la suerte fue distinta.

En una controvertida serie play off, la Isla perdió el cetro frente a Estados Unidos, aún cuando en la fase eliminatoria lo había derrotado por partida doble.

Sin embargo, el reglamento establecía que los dos primeros lugares jugaran una serie adicional para determinar la medalla de oro. Estados Unidos ganó el primer encuentro y Cuba el segundo.

El tercero fue suspendido por lluvia en el noveno inning y al reanudarse un hit al jardín derecho de George Creer decidió el tope, permitiéndoles a los norteamericanos proclamarse campeones panamericanos por primera vez.

Como en Sao Paulo-63, Estados Unidos encabezó holgadamente el medallero de los juegos, con 120 de oro, 63 de plata y 42 de bronce, seguidos a mucha distancia por Canadá (12-37-43) y Brasil (11-10-5).

Cuba avanzó un lugar y terminó cuarta con 8-14-26.

En el notable desempeño de los estadounidenses -que buscaban en Winnipeg foguearse con miras a los Juegos Olímpicos de México 1968- jugó un rol fundamental la actuación de sus ases del campo y la pista, quienes consiguieron 30 de oro, 18 de plata y seis de bronce.

Así, en la bella ciudad de la provincia de Manitota comenzó a brillar Lee Evans, ganador de los 400 metros planos.

Un año después, Evans estremeció al mundo al lograr en la capital mexicana su fantástico tiempo de 43,68 segundos, un récord vigente por 20 años hasta que en Zurich su coterráneo Harry Butch Reynolds llevara la marca a 43,29.

Otras luminarias que integraron la delegación del norteño país fueron los nadadores Don Schollander, ganador de cuatros medallas de oro en la Olimpíada de Tokio-64, y Mark Spitz, un estudiante de California ganador de cinco títulos en Winnipeg, dos individuales en 100 y 200 mariposa y tres en los relevos.

Por cierto, en las albercas relumbró de igual modo el brasileño José Fiolo, ganador de sendas medallas de oro en los 100 y 200 metros estilo libre.

En la representación estadounidense también figuró Artur Ashe, el hombre que quebró la barrera racial en el tenis norteamericano, quien ganó medalla de bronce panamericana en individuales, tras ser eliminado por el brasileño Thomas Koch, a la postre medallista dorado.

Estados Unidos dominó el voleibol en ambas ramas y volvió a ganar el baloncesto masculino, pero esta vez Brasil le arrebató la corona entre las mujeres.

México, por su parte, ganó por primera vez el disputado torneo de fútbol, mientras Argentina comenzó a eslabonar una consistente cadena de victorias en el hockey sobre césped.

En Winnipeg se reunieron dos mil 692 deportistas de 28 países, de los 33 miembros elegibles de la Organización Deportiva Panamericana.

Belice y Bolivia fueron los países debutantes y retornaron Colombia y Paraguay, ausentes en los Juegos de 1959 y 1963. Reaparecieron, además, Costa Rica y Nicaragua, que no compitieron en Sao Paulo-63.

Entre los ausentes figuraron Haití y República Dominicana, que tampoco lo había hecho en la cita anterior.

Los organizadores canadienses decidieron excluir del programa de competencias al nado sincronizado y el pentatlón moderno, pero a cambio incluyeron oficialmente al hockey sobre césped y al canotaje sólo como exhibición.

De Winnipeg-67 muchos recuerdan además que un enorme chaparrón estuvo a punto de apagar el fuego panamericano y bañó a deportistas y unos 20 mil espectadores durante la ceremonia inaugural.

Sin embargo, todos estuvieron obligados a permanecer allí por cortesía ante el Príncipe Felipe, quien en nombre de la Reina Isabel II de Inglaterra declaró abiertos los V Juegos, el mayor espectáculo deportivo en la historia de Canadá hasta esa fecha.

De otro lado, los V Juegos Panamericanos dejaron millones de dólares por el turismo y nuevas instalaciones, en particular la primera pista de atletismo recubierta con tartán en el mundo.

Los habitantes de Winnipeg protagonizaron airadas protestas por el elevado costo de la cita, que rebasó con creces el estimado original.

En contraste con la inauguración, la ceremonia de clausura el 6 de agosto contó con un sol brillante, y -a manera de exitosa despedida- Canadá obtuvo la última medalla de oro en una competencia de saltos de equitación.



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