
Los IV Juegos Deportivos Panamericanos de Sao Paulo 1963 marcaron el debut de un legendario deporte: el judo, creado en 1882 por el maestro japonés Jigoro Kano y cuya traducción significa sendero de la flexibilidad.
Sólo en cuatro categorías fueron dirimidos los títulos y la mejor parte la sacó la representación de Estados Unidos, que consiguió tres preseas de oro por intermedio del ligero Toshiyuki Seino, el pesado George Harris y Benjamin Campbell, en la división abierta.
El otro pergamino lo dejó en casa el brasileño Lhofei Shiozawa, de los pesos medianos.
Mas, el judo aportó sólo una pequeña parte de la amplia cosecha de medallas estadounidense, que se elevó a 109 de oro, 56 de plata y 36 de bronce.
Brasil, que se ubicó segundo en el medallero, apenas pudo conseguir 14 cetros, 21 plateadas y 18 bronceadas, mientras Canadá terminó tercero con 10-27-25.
Los anfitriones dominaron sorprendentemente en el boxeo, al agenciarse tres metales aúreos, cinco de plata y un bronce, para desplazar a Argentina (2-1-2) y a la escuadra norteamericana (2-0-4).
Cuba, devenida en ediciones posteriores potencia casi invencible, terminó cuarta en la lid paulista de pugilismo, con 1-1-0.

Uno de los deportes más seguidos en los Panamericanos de Sao Paulo fue el atletismo, en el cual Estados Unidos ratificó su clara supremacía al conseguir 22 de oro, 15 de plata y dos de bronce.
Los brasileños, en tanto, debieron conformarse con dos subtítulos y seis terceros lugares.
Latinoamérica, sin embargo, tuvo también destellos de grandeza en el campo y pista.
En la velocidad pura (m) el cubano Enrique Figuerola salió triunfador, mientras Venezuela se llevó su primer título en los 200 lisos, además del bronce, por intermedio de Rafael R. Sandrea y Arquímedes Herrera, en ese mismo orden.
Una vez más, el legendario fondista argentino Oswaldo Suárez conquistó la supremacía de los cinco mil metros en Sao Paulo. Antes había ganado en México-55 y entró segundo en Chicago-59.
Suárez compitió asimismo en los 10 mil metros, aunque en Sao Paulo perdió el tricampeonato a manos del estadounidense Meter.
Además, retornó a la región el cetro de los 400 con vallas - que obtuvo por primera vez en 1951 el colombiano Jaime Aparicio - con el triunfo del también argentino Juan Carlos Dyrzka.
Otros triunfadores fueron el mexicano Fidel Negrete, en la agotadora prueba de maratón, y Marlene Ahrens, quien mantuvo para Chile la primacía de la jabalina femenina y dejó de nuevo a las norteamericanas como segundas del continente.
Sin embargo, el tricampeón panamericano de triple salto (1951-55-59) Ademar Ferreira Da Silva no encontró un paisano que le representara en casa propia y el norteamericano William Sharpe ganó la especialidad en 1963, seguido del cubano Ramón López.
Los relevos venezolanos consiguieron la plata en 4X100 y 4X400 metros lisos, ambos en la rama masculina, en tanto Miguelina Cobián ganó para Cuba las primeras medallas de plata en 100 y 200 lisos y quebró el uno-dos de Estados Unidos en Juegos Panamericanos.
Las cubanas, además, despuntaron por primera ocasión en el relevo de 4X100 y se situaron detrás de las estadounidenses, con una cuarteta integrada por Irene Martínez, Fulgencia Romay, Nersa Borges y la propia Cobián.
En la cita hemisférica de 1963 los quintetos norteamericanos dominaron en el baloncesto, tras discutir las finales masculina y para damas con Brasil, y Cuba recuperó el gallardete beisbolero que había obtenido en Buenos Aires-51.
Los brasileños hicieron valer la calidad de su reconocida escuela y dominaron el torneo de fútbol por encima de otros dos suramericanos: Argentina y Chile.
Mientras, en el clavado la cosecha más amplia fue para Estados Unidos, con tres de oro, dos de plata y otras tantas de bronce. Luego se ubicaron los ornamentalistas de Canadá (1-1-0) y México (0-1-2).
En los IV Juegos Panamericanos, disputados del 20 de abril al 5 de mayo, participaron mil 665 competidores, o sea, 598 menos que en Chicago'59. El programa contempló 20 disciplinas, incluyéndose por primera vez el judo.
Para los asistentes resultó una inmejorable ocasión no sólo de medir fuerzas en los escenarios deportivos, sino también para conocer y admirar una ciudad que era el más vivo reflejo del llamado "milagro económico" brasileño.