
Ídolo de la delegación cubana, el velocista
Rafael Fortún acaparó un singular protagonismo en los I Juegos Deportivos Panamericanos en Buenos Aires, 1951, al ganar dos preseas de oro y una de plata en la pista atlética del estadio River Plate.
Cinco días después de la inauguración de la cita, el 30 de febrero, Fortún conquistó su primer título al imponerse en los 100 metros planos ante poderosos rivales como el estadounidense Artur Bragg y el jamaicano Herbert McKinley.
El antillano no creyó en adversarios mejor entrenados y rompió el estambre con tiempo de 10,6 segundos para superar a Bragg sobre la misma línea de meta y a McKlinley, titular olímpico en Helsinki 1952 en el relevo 4X400 y subcampeón en el hectómetro.
Pero Fortún no se conformó con el triunfo en los 100 metros y volvió a repetir dos días después con una corona en los 200, con un registro de 21,3, escoltado por Bragg (21,4) y Mckinley (21,5), este último monarca de los 400 lisos en la cita estival de Londres 1948.
El cubano completó su cosecha con el subtítulo en el relevo corto como parte de un cuarteto integrado también por Jesús Farrés, Angel García y Raúl Mazorra. Con crono de 41,2 segundos, finalizaron detrás de los estadounidenses Campbell, Attlesey, Voight y Bragg, con 41,0.
El desempeño del estelar velocista impulsó a la delegación cubana al tercer puesto en la tabla final de medallas por países, con nueve cetros, nueve subcampeonatos y 10 terceros lugares.
Los argentinos lideraron la cita, con 68 metales dorados, 44 plateados y 38 bronceados, para un total de 150 preseas, por delante de estadounidenses (44-33-18 95) y chilenos (9-20-12 41).

Fortún nació el 5 de diciembre de 1919 en la oriental ciudad cubana de Camagüey, y entre sus éxitos previos a la primera lid continental descollaron dos títulos en 100 y 2000 metros planos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Barranquilla-1946 (Colombia).
Además de oro y plata en 100 y 200, respectivamente, en la cita subregional de Ciudad de Guatemala 1950.
Negro y pobre, el bólido caribeño conoció del desprecio y el desamparo social que sufrían los atletas cubanos de aquella época.
Sin embargo, en ningún momento el cubano se dejó abatir por su tragedia económica y se concentró en representar a su patria en el escenario bonaerense.
Luego de sus sonadas victorias en la pista del River Plate, el cubano conquistó su tercera corona en los 100 metros llanos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México 1954.
Con este triunfo se convirtió en el único velocista poseedor de tres cetros dorados en lides regionales.
Asimismo, asistió a dos Juegos Olímpicos - Londres 1948 y Helsinki 1952-, pero en ninguna de esas ocasiones pasó de las eliminatorias.
Sobre estos descalabros comentó en cierta ocasión su coequipero Angel García: "Tenía para más, pero el hambre y la miseria fueron sus principales contrincantes. Difíciles son, es bien sabido, y no le permitieron sobresalir en el gran clásico".
Fortún falleció en su natal Camagüey, el 22 de junio de 1982, en pleno ejercicio laboral, dedicado al desarrollo de las nuevas generaciones de atletas y entrenadores.