Un dúo de demonios conspira
contra el arroz
Por: Susana Ugarte Soler*, E-Mail: serviex@prensa-latina.cu


El mundo comenta con alarma la crisis de la producción arrocera y la escalada de los precios mundiales del grano blanco, una suerte de conspiración que tiene entre sus más actuales protagonistas a un dúo de demonios, los cambios climáticos y la producción de biocombustibles.

La FAO lo advirtió desde los albores de 2008. Los efectos del cambio climático en la agricultura amenazan la vida de millones de personas en África, Asia y América Latina.

Al mismo tiempo, esa agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación alertó sobre el aumento de los precios internacionales de los productos agrícolas, al que ha contribuido también el cambio del uso de las tierras de cultivos alimentarios para su empleo en la industria bioenergética.

Otros factores presentes son una mayor demanda de alimentos por el rápido crecimiento de países emergentes como la India y China, así como la migración sin precedentes de las zonas rurales a las urbanas, señaló la FAO.

En Asia, el panorama deviene cada vez más crítico. La carestía del arroz, en su techo máximo de los últimos 20 años, ha sido como un gancho al estómago de los pobres, unos dos mil 500 millones de personas.

Tan sólo en la última semana de marzo el costo de la tonelada de la variedad más común pasó de 700 a 770 dólares, disparado también por la carestía de la materia prima, las semillas, derivada de millonarias pérdidas en las cosechas arroceras.

El azote de fenómenos naturales emanados de un arbitrario comportamiento del clima y el rápido crecimiento del consumo incidieron además en la merma de las reservas, causando un verdadero quebradero de cabeza a los gobiernos de la región.

Nadie puede contar ya con adquirir el cereal en China y la India, dos gigantes productores que cortaron de un golpe las exportaciones para garantizar la demanda doméstica.

Cosecha de arroz en Indonesia

Tailandia y Vietnam, los suministradores número uno y dos respectivamente del mercado mundial, parecen a simple vista beneficiarios del alza de precios que les procura ingresos por torrentes.

Sin embargo, Hanoi paró al cierre del primer trimestre del año la expansión de sus exportaciones. Se atendrá a cumplir los compromisos contraídos de 3,5 millones de toneladas tras destinar el resto de sus existencias al consumo nacional.

A juicio de expertos, la crisis del arroz pone en riesgo la estabilidad social de países asiáticos dependientes de la importación.

En Filipinas, por ejemplo, sus casi 90 millones de habitantes consumen cada día 33 mil toneladas, que costaban hace tres meses 400 dólares cada una y en el presente se acercan al doble.

Se espera que hasta fines de año la tonelada suba unos 50 dólares más dada las malas cosechas, la creciente demanda, el alza del precio de los combustibles, los efectos del cambio climático y la gradual desaparición de los arrozales.

Entre 2001-2007, tan sólo en Vietnam desapareció un estimado de medio millón de hectáreas tradicionalmente dedicadas al cultivo del arroz, y vencido el último de esos años se perdieron otras 125 mil comprometidas en el desarrollo urbano e industrial.

"En cinco años, la pérdida de arrozales equivaldrá al volumen actual de exportaciones, lo que significa que no dispondremos de arroz extra para exportar y que la seguridad alimentaria estará amenazada", señaló el ministro vietnamita de Agricultura, Cao Duc Phat.

Todo ello gravita igualmente sobre los demás países productores, que se han visto también casi obligados a restringir las ventas externas.

"El arroz es un producto extremadamente sensible para cualquier gobierno. Sin ninguna duda el progresivo aumento del precio devendrá acicate de disturbios sociales e inestabilidad política", alertó la presidenta del Comité de Asuntos Económicos del Senado filipino, Loren Lagarda.

Ya en 2002 comenzó el alza del precio del arroz, luego de seis años de tendencia a la baja que lo ubicaban como la Cenicienta de los cereales.

En sentido contrario, las reservas arroceras bajaron para resultar las menores en 20 años. La producción mundial llegó a 420 millones de toneladas en la cosecha 2007-2008 en tanto almacenadas quedaron 102 millones de toneladas, un punto menos que en la anterior.

Según la FAO, en Asia el volumen de las cosechas crece con lentitud: en 2007 fue apenas 0,5 por ciento superior al de 2006 y una de las razones fundamentales radica además en que el rendimiento de los cultivos se ha estabilizado.

Esa organización considera necesario "potenciar la agricultura de conservación, la recogida de aguas, la reforestación, la gestión sostenible de los bosques y pastizales, el almacenamiento de carbono en el suelo, la mejora en el uso de fertilizantes y la promoción de la bioenergía en áreas climáticas adecuadas".

"Aunque existe algún potencial para la expansión del área arrocera en otros países, no se extenderá en Asia mucho más allá de la estimación actual de 136 millones de hectáreas", señaló Sushil Pandey, del Instituto Internacional de Investigaciones sobre el Arroz.

"El aumento en la producción de biocombustibles es otro factor de presión", agregó Pandey.


*La autora es Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.


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