El tema de los biocombustibles:
sus implicaciones para África
Por: Silvio Baró Herrera
(Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente)


Las consideraciones del Comandante en Jefe Fidel Castro sobre el tema de los biocombustibles constituyen un análisis riguroso y certero de la problemática que no solo se limitó a desentrañar los móviles de la propuesta, sino que también adelanta algunos caminos para la solución de los problemas.

Los Antecedentes de la problemática

Luego de la visita de presidente estadounidense George W. Bush a Brasil y otros países latinoamericanos, durante la cual éste lanzó su programa dirigido a promocionar la fabricación mundial de biocombustibles, el tema ha venido ocupando crecientes espacios en la literatura general y especializada, así como ha generado un intenso debate en los círculos académicos que están a favor o en contra del referido programa.

En torno al lanzamiento de la iniciativa de los biocombustibles se mueven varias razones formales y reales. Entre las primeras se encuentran: (a) un aumento de la toma de conciencia acerca de la gravedad alcanzada por la degradación del planeta y (b) el supuesto interés de los círculos políticos de la primera potencia mundial por adoptar medidas encaminadas a tratar de contribuir a paliar los efectos del cambio climático.

Entre las razones reales de la propuesta pudieran ser enumeradas las siguientes: (a) la sostenida tendencia al aumento mostrada por los precios del petróleo en los últimos meses, (b) la desfavorable correlación que se observa entre las tendencias del consumo de una parte, y la de los descubrimientos y las reservas del hidrocarburo, de otra; (c) el incremento de la dependencia de los suministros externos de petróleo por parte de las naciones industrializadas, especialmente Estados Unidos y (d) la inestable situación política y militar en el Medio Oriente y en otras importantes regiones productoras/exportadoras de petróleo.

No obstante, no podrían ser descartadas otras razones que, en nuestra opinión, son de una importancia relativamente menor como: (a) la necesidad de las principales potencias imperialistas de mantener un constante enfrentamiento contra la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y (b) el desarrollo de una estrategia contraria a la desarrollada en América Latina por el presidente venezolano Hugo Chávez en pro de la unidad de los países latinoamericanos.

Como se tratará de demostrar a lo largo de este informe, la problemática de los biocombustibles se inscribe en la más reciente estrategia imperialista encaminada a la dominación mundial de los recursos naturales del planeta en función de sus intereses particulares.



La relevancia adquirida recientemente por el tema no debe llevar a la creencia de que la actividad es nueva a nivel mundial. Por solo señalar un ejemplo, en la región latinoamericana, Brasil tiene una larga experiencia en la producción y utilización de los biocombustibles como carburante para los vehículos automotores.

De lo que se trata es que Estados Unidos está llevando adelante una oportunista promoción del tema en una coyuntura caracterizada por: (a) un sostenido crecimiento de los precios del petróleo que han alcanzado niveles record, (b) la gravedad de los efectos del cambio climático que se hacen cada vez más evidentes en todas las regiones del planeta, y (c) la necesidad de la principal potencia mundial de cambiar su imagen debido a su aislamiento por la no firma del Protocolo de Kyoto.

Los Impactos

La promoción de los biocombustibles realizada por el presidente estadounidense y algunos círculos políticos y de negocios, ha estado respaldada por cinco mitos a los que se trata de brindar credibilidad. Estos mitos son: (a) que los biocombustibles son limpios y preservan el medio, (b) no provocan deforestación, (c) permiten el desarrollo rural, (d) no provocan hambre y (e) los de segundas generación son inminentes.

Sin embargo, algunos estudios de especialistas han ido desmontando estas supuestas bondades de los biocombustibles como fuentes energéticas alternativas y mejores, menos contaminantes, que los combustibles fósiles.

Estos mismos estudios se han encargado de demostrar que, lejos de lo planteado por sus patrocinadores, los biocombustibles presentan una serie de importantes impactos negativos en lo económico, lo social y lo ambiental, por solo señalar estas tres esferas.

La intención del presidente George W. Bush de reducir el consumo de petróleo implicará un significativo desvío de la cantidad de tierras dedicadas al cultivo de azúcar, maíz, aceite de palma, aceite de higuereta (jatropha), soya y otros productos que se utilizan para el consumo humano, para la fabricación de etanol y biodiesel. Incluso, un producto tan básico en la dieta del africano como la yuca, está siendo considerada como una posible materia prima para la elaboración de etanol.

Tan solo el anuncio de esta intención del gobierno estadounidense y la posibilidad de que ésta fuera seguida por otros países, desencadenó un importante crecimiento en los precios de estos productos.

Algunos especialistas han indicado que este aumento de los precios, tan solo después del anuncio de presidente George W. Bush, se debió, en realidad, a maniobras especulativas de las empresas transnacionales agroalimentarias, las cuales habían acaparado productos comprados a determinados precios para venderlos después a otros mucho más altos.

Es posible que este aumento de los precios de una serie de productos alimentarios que pueden servir como materia prima para la producción de biocombustibles se mantenga en el tiempo debido a determinadas rigideces de sus producciones. Asimismo, algunos estudios han indicado que, paradójicamente, la producción de los biocombustibles demandará cierta cantidad de petróleo y que, por tanto, es presumible que los precios de éste podrían aumentar todavía más o mantenerse relativamente altos en el corto–mediano plazo, constituyendo una segunda fuente del aumento de los precios de los alimentos.

El sostenimiento de estos precios en el corto–mediano plazo ya está teniendo una incidencia negativa directa sobre los niveles de consumo de alimentos, sobre todo, de importantes sectores de la población del mundo subdesarrollado caracterizada por sus bajos ingresos.

El ya mencionado desvío de alimentos del consumo humano hacia la elaboración de biocombustibles se traducirá en un aumento de la cantidad de personas desnutridas y/o hambrientas –estimadas actualmente en unas 852 millones de personas–, así como en una elevación de su inseguridad alimentaria, al tiempo que se viola un importante derecho humano: el Derecho a la Alimentación.

La inseguridad alimentaria típica de muchas naciones subdesarrolladas se ve reforzada adicionalmente por el hecho de que el aumento de los precios de los alimentos puede tener efectos negativos sobre la ayuda alimentaria, porque se podrán adquirir menores cantidades de alimentos con las cantidades de recursos financieros que las ONGs u organismos internacionales puedan movilizar.

Más que pensando en resolver los acuciantes problemas alimentarios que sufre actualmente una importante proporción de la Humanidad, los abogados de los biocombustibles solo parecen prestar atención a la posibilidad de aumentar las tierras dedicadas a los cultivos susceptibles de ser convertidos en etanol o biodiesel.

Ya es posible leer que el aumento de las áreas para el cultivo de los productos que son insumos de la producción de biocombustibles se realiza a costa de las tierras ociosas –en países donde no se ha garantizado la alimentación de todos los habitantes–, pero también a partir de la deforestación de bosques, de la incorporación de áreas protegidas e, incluso, de la explotación de zonas de significativa importancia para la biodiversidad planetaria como la Amazonia. También, se ha denunciado que se han producido ventas de tierras a compañías extranjeras involucradas en la actividad y hasta se ha procedido a expropiaciones.

La fiebre de los biocombustibles está enviando mensajes erráticos al mercado que pueden confundir a muchos productores, sobre todo, en los países subdesarrollados, los cuales, al observar el crecimiento de los precios del maíz y otros productos, se embarquen en estos cultivos pensando en altos ingresos seguros, sin reparar en algunos aspectos negativos no siempre claramente visibles.

Al perseguir el objetivo de aumentar sus ingresos, los campesinos en las naciones subdesarrolladas podrían contribuir a acentuar el monocultivo que caracteriza a las estructuras económicas de sus países, el cual se vio acentuado con la aplicación de las políticas de ajustes estructural.

Resulta ampliamente conocido que la producción de biocombustibles en Estados Unidos se desarrolla de forma subvencionada. Esto indicaría que un aumento de su producción se traduciría, al menos en el corto–mediano plazo, en una carga adicional sobre las espaldas de los contribuyentes que son los que financian estos subsidios a partir de los impuestos.

Una de las ideas principales de la iniciativa encaminada a la promoción de los biocombustibles es la de que éstos constituyen fuentes de energía menos contaminantes que el petróleo. No obstante, algunos estudios a los cuales hemos tenido acceso plantean que estos productos generan tanta o más contaminación ambiental o presiones sobre la dotación de recursos naturales que el hidrocarburo.

La producción de un litro de etanol supone el empleo de 2,37 kg de maíz, quemar 500 gramos de carbón y utilizar cuatro litros de agua. Pero, a su vez, se necesitan entre 1000 y 1500 litros de agua para producir un kilogramo de maíz.

Lo anterior estaría indicando que la producción de etanol estaría provocando importantes presiones sobre recursos naturales ya de por sí escasos como el agua, al tiempo que su propia elaboración generaría cierto nivel de contaminación ambiental.

Se está pensando en la eventual producción de biocombustibles a partir de paja, desechos de producciones agrícolas, etc., que suelen cubrir los suelos y que constituyen una vía para la regeneración de éstos. En este sentido, el aprovechamiento de estos elementos se traducirá en la erosión de suelos y la destrucción de los ecosistemas.

La pretendida sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles constituirá una carga adicional sobre los recursos naturales debido a una demostrada menor eficiencia de los sustitutos respecto de la del petróleo. Diversos estudios han revelado que la eficiencia del metano de maíz es de 0,778, la del etanol de madera es de 0,638 y la del biodiesel de soya es de 0,534.

En este sentido resulta muy interesante que un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), haya adelantado la interrogante de "si el remedio es mejor que la enfermedad".

Posiblemente el aspecto más peligroso y de las más graves implicaciones en el largo plazo en la estrategia norteamericana para los biocombustibles, consiste en las alianzas que se van presentando entre las empresas petroleras, agropecuarias, biotecnológicas y automovilísticas. Esto estaría indicando la formación de un frente monopolista mucho más poderoso que los conocidos hasta el presente y que viene a constituir un escalón superior respecto del proceso de fusiones y adquisiciones que se produjo hacia finales de los años 90s, caracterizadas por desarrollarse entre empresas de un mismo sector o sectores muy afines: aviación, banca y finanzas, petróleo, actividades culturales, etc. Ahora se trata de las interrelaciones entre empresas de diferentes sectores de la economía.

En el caso de los países africanos, a pesar de que ya se alzan voces que se cuestionan las supuestas ventajas que para el continente podría tener embarcarse en la "aventura de los biocombustibles", se observa una agresiva penetración de empresas extranjeras que vienen invirtiendo en el desarrollo del cultivo de caña de azúcar y de otros así como en el establecimiento de plantas para la fabricación de biocombustibles. Las informaciones disponibles hasta el momento de redactar este informe, recogen acciones en Rwanda, Tanzania, Uganda, Mozambique y Sudáfrica.

En la medida en que crezcan los precios de los insumos para la elaboración de biocombustibles, a partir de una demanda superior a la oferta, productores como los africanos que se han visto golpeados por la reforma realizada por la Unión Europea de su Protocolo Azucarero, podrían considerar que el desarrollo de la producción azucarera para la fabricación de aquellos energéticos sería una adecuada forma de compensar las pérdidas sufridas.

Las Perspectivas

Informaciones recientes de prensa indican que los gobiernos estadounidense y europeos están introduciendo reglamentaciones según las cuales se han fijado plazos para la sustitución de determinados porcentajes del consumo del petróleo empleado como combustible para los automóviles.

Ello implica que aumentará la cantidad de tierras dedicada a la producción de los productos que constituyen los insumos necesarios para la fabricación de los biocombustibles.

Sin embargo, según estudios de la FAO, la cantidad de tierra arable por habitante ha venido disminuyendo sostenidamente: 0,32 ha. por persona en 1961–63; 0,21 en 1997–99; y se estima que será de 0,10 en el 2030.

Lo anterior repercutirá en un aumento de las presiones inflacionarias, de los precios de los alimentos, del número de pobres a nivel planetario y de la cantidad de personas que padezcan hambre, independientemente de los loables propósitos expresados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

A pesar de todos los esfuerzos y propaganda para promocionar la producción de biocombustibles y la sustitución del petróleo, los estudios indican que aquellos podrían alcanzar tan solo un 25% del total de los combustibles líquidos. No obstante, el informe de la OCDE citado antes es menos optimista y considera como más probable el 13% estimado por la Agencia Internacional de Energía (AIE).

En la presentación de las consecuencias perspectivas de la presente campaña a favor de los biocombustibles no es posible dejar de mencionar la intención –ya adelantada– de que con vistas a aumentar su eficiencia se podría acudir a la introducción de productos transgénicos. Pero, como ya ha sido demostrado antes hasta la saciedad, los campesinos de las naciones subdesarrolladas caerían en la trampa de la reiterada compra de las semillas de estos productos y de los correspondientes herbicidas, plaguicidas y fertilizantes, todos patentados y férreamente monopolizados por las empresas transnacionales del sector de la biotecnología y la agroquímica.

Las semillas de productos transgénicos para la fabricación de los biocombustibles sentarían un grave precedente en contra del actual debate acerca de la conveniencia o no de introducirlas ampliamente en la agricultura y constituirían una amenaza a la biodiversidad del planeta.

Finalmente, si se revisan los pasos emprendidos por Estados Unidos desde hace unos veinte años, se comprueba que la iniciativa de los biocombustibles se inscribe en la estrategia que viene llevando adelante aquella potencia mundial para encabezar un neocolonialismo de nuevo tipo a nivel mundial.

Esta estrategia imperialista de dominación mundial se caracteriza por su irracionalidad –seguir agotando los recursos naturales y destruyendo el medio para garantizar un determinado modelo de vida– y su absoluto desprecio por la Humanidad –al no detenerse ante la disyuntiva existente entre alimentos para combustible o para los seres humanos.


Fuente: Panorama Mundial 19 de octubre 2007


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