Por Odalys Troya
En Centroamérica el pan comienza a escasear. Cientos de miles de mesas muestran su ausencia. Millones de bocas se suman al ejército de hambrientos de la región.
Un nuevo azote agudiza la calamitosa situación de pobreza de la población centroamericana: la llamada crisis mundial de alimentos, la cual, según expertos, más que crisis, se deriva de la especulación para llenar arcas y bolsillos.
Esto ocurre cuando, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en conjunto se produce un 10 por ciento de alimentos por encima de los que serían necesarios para abastecer a toda la humanidad.
Sin embargo, aumentaron los precios del maíz y la harina de trigo, entre otros alimentos básicos y Centroamérica sintió su azote.
Ante el incremento del precio de la harina de trigo en el mercado mundial, los panaderos de la región, en particular los artesanales, también subieron el de su producto.
En Guatemala, hace ocho meses, la harina tenía un costo de 150 quetzales el quintal (unos 19 dólares), pero desde mediados de febrero subió a 340, poco más de 44 dólares.
Y es que no sólo subió el precio de la materia para elaborar el pan de cada día de los guatemaltecos, también se incrementaron otros productos como la gasolina y la electricidad, esenciales para su proceso de elaboración y distribución.
Asimismo, en El Salvador, cientos de panaderos paralizaron sus labores el 20 de febrero pasado para exigir al gobierno controlar el creciente aumento de los precios de esa materia prima.
Más del 80 por ciento de la producción de pan francés fue suspendida ese día en todo el territorio nacional.
El gremio de panaderos pidió un subsidio transitorio para la compra de las harinas, que implica congelar los precios del quintal en 20 dólares, el cual ahora cuesta 45.
Igualmente, los panificadores nicaragüenses tuvieron que decretar ese mismo mes un incremento en el precio del pan por el orden del 25 por ciento.
En tanto, los hondureños están al poner el grito en el cielo, porque no sólo el pan, sino otros productos de la canasta básica también registran alzas en sus precios, lo cual complica la situación de hambre que vive una de las naciones más pobres del continente.
En la última semana de febrero, los huevos pasaron de dos lempiras a 2.35 (poco más de 10 centavos dólar); el pollo con menudo, por su parte, subió un lempira, pasando de 14.50 a 15.50 (0.80 centavos dólar).
El pan -semita y blanco- valía 1.50 y ahora 2.00; y también se anunció un alza a la leche.
El quintal de harina de trigo en septiembre costaba 475, ahora vale 770 (40 dólares). El arroz, que a inicios de 2006 valía 440, hoy llega a 740 (38.5 dólares), sólo por citar algunos alimentos.
De acuerdo con expertos, esta situación que se repite como calcada en el resto de las naciones del área, tiene su base en el fracaso de las políticas nacionales para incentivar la economía y el agro en particular.
Ante el encarecimiento de las materias primas en el mundo, estos países carecen de capacidad suficiente para reaccionar porque no tienen ni para cubrir sus propias necesidades y dependen de la importaciones.
Expertos advierten que la subida de los precios de la harina de trigo está relacionada fundamentalmente con la producción de biocumbustibles.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PAM) alertó recientemente de la "gran crisis alimenticia" en Centroamérica, donde el precio del trigo y el maíz se ha duplicado desde el año pasado, dada su mayor utilización por la industria que elabora etanol.
Sin embargo, varios economistas insisten en que la tendencia alcista forma parte del auge de los precios de los alimentos a causa de la especulación de los inversores financieros, de los grandes bancos y del capital financiero internacional.
El representante del PMA en El Salvador, Carlo Scaramella, alertó que puede darse una crisis alimenticia entre los segmentos más pobres de la población.
Cifras de la FAO indican que en América Latina, el 10 por ciento de los habitantes pasa hambre, es decir, 54 millones de personas.
Esta estimación media de los países de la región se multiplica por tres o por cuatro en lugares como Haití, donde más del 30 por ciento de la población no tiene garantizado el acceso a los alimentos, Guatemala, con una cifra que ronda el 40 por ciento y, en general, los Estados de América Central.
En términos absolutos, cada vez hay más personas que no tienen garantizado el acceso a los nutrientes básicos.
La región se caracteriza por altos niveles de desnutrición. En el 2005 Guatemala ocupaba el primer lugar en desnutrición del mundo y casi la mitad de sus niños (1,4 millones) padecían desnutrición crónica.
De ese entonces a la fecha, la situación, a penas ha cambiado. De acuerdo con Enrique de Loma, coordinador del Programa Especial para la Seguridad Alimentaria de la FAO en Centroamérica, en la región ha habido un incremento.
El porcentaje de población subnutrida pasó del 17 al 20 por ciento, y aproximadamente se ha pasado de unos cinco a unos siete millones y medio de personas que pasan hambre en el istmo.
"Sabemos que la región Latinoamericana produce el triple de los alimentos que requiere para alimentar a toda su población", aseguró Pedro Medrano, Director Regional del PMA para América Latina y el Caribe.
"Eso significa –agregó- que hay espacio para la esperanza y también, que nuestros gobiernos y nuestras sociedades tienen la oportunidad - romper el ciclo vicioso de la pobreza y el hambre".
*La autora es periodista de la Redacción de América Latina y el Caribe de Prensa Latina.