Por: Ernesto Montero Acuña*, E-Mail: serviex@prensa-latina.cu
La idea de producir combustibles a partir de alimentos, reforzada a inicios de 2007 por el presidente estadounidense, George W. Bush, afrontó a lo largo de este año una creciente oposición debido a que eleva la inflación, daña la vida y no salva el clima.
A unos días de iniciado el año, el Presidente Bush propuso al Congreso de la Unión sustituir 132 mil 500 millones de litros para el 2017 (unos 35 mil millones de galones) de gasolina por combustibles provenientes de productos agrícolas comprendidos entre los de máxima demanda humana.
En su discurso del 23 de enero sobre el Estado de la Nación, el mandatario anunció un plan para reducir en el 20 por ciento el consumo de este carburante durante la próxima década, mediante lo que llamó fuentes alternativas y patrones de eficiencia más elevados.
Como primera medida decidió aumentar la producción de “combustibles renovables y alternativos”, estableciendo el nivel imperativo de 132 mil 500 millones de litros, cerca de cinco veces más que los 28 mil 400 millones fijados para el 2012.
Tal decisión estuvo muy relacionada con la expansión del “apoyo” a los productores de etanol, incluidos los agrícolas, comprendidos en los beneficios de un presupuesto de 179 millones de dólares para el 2008, equivalente al aumento del 19 por ciento en relación con el 2007.
Debido a ello, la Ley Agrícola propuesta por el Presidente comprende más de mil 600 millones en fondos adicionales durante los próximos 10 años para innovaciones energéticas, lo que abarca la investigación en la llamada bioenergía, subvenciones para la eficiencia en esta y préstamos por dos mil millones para plantas de etanol celulósico.
En torno al tema, la publicación digital española Cinco Días.com publicó que Bill Gates había colocado 74 millones de dólares en Pacific Ethanol, una firma de Los Ángeles dedicada al desarrollo de este rubro; y que le siguieron en inversiones similares el creador de Sun Microsystems de California, Vinod Khosla; el cofundador de 3Com de Massachusetts, Robert Metcalfe, y otros.
Debido a que el precio medio del etanol prácticamente se duplicó en Estados Unidos durante el 2007, Khosla ha declarado que este “es un mercado enorme”, el cual “puede satisfacer todas nuestras necesidades de petróleo o, por lo menos, una gran mayoría”.
Pero en Estados Unidos, el 40 por ciento del costo de un pollo, por ejemplo, está conformado por el precio del maíz, que se ha elevado por la menor oferta, la mayor demanda para el etanol y debido a “imprevistos” climáticos.
En consecuencia, Latinoamérica resulta una opción para elevar la producción al poseer una oferta más barata en mercados laborales y de materias primas menos costosas y donde los efectos no incidirían negativa y directamente sobre los consumidores estadounidenses de alimentos y combustibles.
Mas, debido a ello, durante el 2007 se consumó en Indonesia la deforestación de 16,5 millones de hectáreas de selva tropical para sembrar palma aceitera, mientras que en Malasia se eliminaron otros seis millones de hectáreas.
En Sumatra y Borneo se plantaron cerca de cuatro millones más. Y hasta el famoso Parque Nacional Tanjung Puting en Kalimantán, se asegura, “está en la mira” de cultivadores que han desalojado a “miles de habitantes” de la zona.
La alarma cunde porque “toda la región está en camino de transformarse en un inmenso campo de petróleo vegetal”.
La demanda de hidrocarburos supera este año los 85 millones de barriles por día, mientras algunos pronostican que su extinción industrial sobrevendrá en los próximos 40 años, sin que se observe que en el 2007 las llamadas naciones centrales hayan asumido serias políticas de ahorro.
Por el contrario, la Ley de Energía estadounidense estimula un mayor gasto en el país con el 40 por ciento de los 800 millones de autos en el mundo, favorecidos por las exenciones fiscales, de hasta 30 mil dólares, a las gasolineras que instalen surtidores de etanol para elevar el consumo.
La alarmante situación originó que el presidente cubano, Fidel Castro, publicará el 28 de marzo reflexiones en las que calificó como idea siniestra la de convertir los alimentos en combustibles, algo que George W. Bush había ratificado el 26 de ese mismo mes.
De acuerdo con un despacho de AP, Bush había elogiado “los beneficios de los automóviles que funcionan con etanol y biodiésel, durante una reunión con fabricantes de vehículos, en la que buscó dar impulso a sus planes de combutibles alternativos”.
Tal estrategia no se basaba en reducir el consumo para evitar el efecto invernadero, contribuir a la disminución de los precios del petróleo o prolongar la existencia de los hidrocarburos, sino en ayudar a que los automovilistas abandonen los motores de gasolina y “reduzcan la dependencia del país respecto del petróleo de importación”.
Al respecto, Fidel Castro sintetizaba en sus reflexiones: “Pienso que reducir y además reciclar todos los motores que consumen electricidad y combustibles es una necesidad elemental y urgente de la humanidad. La tragedia no consiste en reducir esos gastos de energía, sino en la idea de convertir los alimentos en combustible”.
Añadía asimismo que otros países del mundo rico tienen programado usar no sólo maíz, sino también trigo, semillas de girasol, de colza y otros alimentos, para la producción de este tipo de energético.
“Para los europeos, por ejemplo, sería negocio importar toda la soya del mundo”, proseguía, “a fin de reducir el gasto en combustible de sus automóviles y alimentar a sus animales con los residuos de esa leguminosa, especialmente rica en todo tipo de aminoácidos esenciales”.
Una idea fundamental del líder cubano es que todos los países del mundo “podrían ahorrarse millones de millones de dólares en inversión y combustible simplemente cambiando todos los bombillos incandescentes por bombillos fluorescentes, algo que Cuba ha llevado a cabo en todos los hogares del país”.
En su artículo la Internacionalización del genocidio, del 3 de abril, volvía sobre el tema, a propósito de la reunión sostenida en Camp David por los presidentes Bush y Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, en la que el primero de ellos no hizo la más mínima concesión sobre las tarifas arancelarias y los subsidios que protegen su etanol, frente al brasileño.
Al respecto se preguntaba sobre dónde y quiénes suministrarán los más de 500 millones de toneladas de maíz y otros cereales que Estados Unidos, Europa y los países ricos necesitan para producir la cantidad de galones de etanol que las grandes empresas norteamericanas y de otros países exigen como contrapartida de cuantiosas inversiones.
“¿Dónde y quiénes van a producir la soya, las semillas de girasol y colza, cuyos aceites esenciales esos mismos países ricos van a convertir en combustible?”, inquiría, y más adelante apuntaba que Bush “ha declarado su intención de aplicar esta fórmula a nivel mundial, lo cual no significa otra cosa que la internacionalización del genocidio”.
Bajo el título Lo que se impone de inmediato es una revolución energética, el mandatario cubano exponía el 30 de abril que esta “consiste no solo en la sustitución de todas las luminarias incandescentes, sino también en el reciclaje masivo de todos los equipos domésticos, comerciales, industriales, transporte y de uso social, que con las tecnologías anteriores requieren dos y tres veces más energía”.
Este fue un proceso muy avanzado en Cuba durante el 2007, con beneficios económicos para el país y, también, para los ingresos familiares. Ambos se encuentran íntimamente relacionados.
Lo favorece el sistema social.
Agrocombustibles-2007: Los científicos dicen NO (II)
La revolución energética avanzó en Cuba durante el 2007 con beneficios para la economía nacional y familiar, en una experiencia que permitiría, globalmente, ganar un poco de tiempo al agotamiento de hidrocarburos cuyo consumo anual asciende a 10 mil millones de toneladas.
El Presidente cubano, Fidel Castro, consideró al respecto en su reflexión Lo que se impone de inmediato es una revolución energética, el 30 de abril, que “cada año se derrocha lo que la naturaleza tardó un millón de años en crear”.
El 9 de mayo sintetizaba, en Se intensifica el debate, algunas ideas de Atilio Borón, ex presidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, acerca de que “los alimentos son convertidos en energéticos para viabilizar la irracionalidad de una civilización que, para sostener la riqueza y los privilegios de unos pocos, incurre en un brutal ataque al medio ambiente”.
E insistía en que “la transformación de los alimentos en energéticos constituye un acto monstruoso”, pues los efectos más devastadores de la subida del precio de estos se sentirán especialmente en los países del Tercer Mundo.
Sobre otros aspectos esenciales versaban sus artículos Lo que aprendimos del VI Encuentro Hemisférico de La Habana, publicado el 14 de mayo; y en Nadie quiere agarrar el toro por los cuernos, del 22 del propio mes, en el cual resumía lo fundamental de reflexiones anteriores sobre el tema.
Al respecto retomaba cuatro puntos planteados en su discurso del Primero de Mayo y también reflejados en Lo que se impone es una revolución energética, como se practica en Cuba, pues con ello:
“1º Las reservas probadas y probables de hidrocarburos durarían el doble.
“2º Los elementos contaminantes que hoy lanzan estos a la atmósfera se reducirían a la mitad.
“3º La economía mundial recibiría un respiro, ya que un enorme volumen de medios de transporte y equipos eléctricos deben ser reciclados.
“4º Una moratoria de 15 años sin iniciar la construcción de nuevas plantas electronucleares podría ser proclamada”.
Las consecuencias humanas quedaban reflejadas, el 23 de mayo, en el artículo Para los sordos que no quieren oír, referente a que los precios internacionales de la mayoría de los cereales han subido de forma significativa en 2006-07, con la proyección de que se mantengan altos en 2007-08, según el correspondiente informe “Perspectivas de cosechas y situación alimentaria”, emitido por la FAO el 16 del mismo mes.
Los efectos de las previsiones del mandatario se patentizaron en la segunda mitad del año.
En El Economista es publicaba el 7 de agosto que el creciente uso de aceites vegetales como los de colza o palma en la producción de combustibles para vehículos de motor puede aumentar el precio de productos como la margarina y hacer que muchos consumidores los sustituyan por dañinas grasas animales.
Añadía que la crisis de Oriente Medio ha vuelto a los europeos mucho más vulnerables a la subida del precio del petróleo y ha llevado a la Comisión Europea a planear el aumento de la proporción del biocombustible actualmente utilizado --un magro 0,8 por ciento-- hasta el 5,75 por ciento del total en 2010.
Acerca de ello apuntaba que Alan Jope, vicepresidente de Unilever, el mayor fabricante de productos alimentarios del Reino Unido, temía consecuencias indeseadas de esa evolución, pues “para cumplir las cuotas actuales de la UE se necesitaría entre un 50 y un 80 por ciento de la producción de colza, con lo que podría haber escasez de oferta".
Por entonces el precio de la colza, importante ingrediente en la fabricación de margarina, había aumentado entre el 50 y el 80 por ciento, en tanto que el aceite de palma, utilizado en la alimentación y en la cosmética, se encarecía el 20 en sólo dos meses, luego de que Malasia e Indonesia dedicaran a biocombustible el 40 por ciento de su cosecha.
La página web hispana Cotizalia reflejaba el 1 de agosto que “el conjunto de los ciudadanos vamos a sentir muy pronto en nuestros bolsillos el ‘lado oscuro’ de los biocombustibles, que ha provocado una espectacular subida de las materias primas agrícolas con las que se producen estos carburantes”.
Ello se trasladaría, según la publicación, “a los productos de primera necesidad, como el pan, la leche o los huevos”.
El 24 de noviembre pasado, la también digital GurusBlog se quejaba de que con la excusa del fuerte incremento del precio de los cereales, ascendente a más del 60 por ciento, “en lo que llevamos de 2007 estamos asistiendo a una incremento masivo de los productos de la cesta” familiar.
De acuerdo con lo anterior, la barra de pan costaba el 17 por ciento más, como promedio, aunque el aumento escalaba por encima del 48 por ciento en Valencia y del 40 en la Coruña, entre otras zonas.
El 12 de diciembre, BBC Mundo reflejaba, por su parte, una encuesta realizada a más de mil científicos y delegados de 105 países reunidos en la conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático en Bali, Indonesia.
Estos consideraron que “los combustibles producidos a partir de cosechas agrícolas son los de menor potencial” entre 18 tecnologías para reducir las emisiones de dióxido de carbono en los próximos 25 años.
De acuerdo con el muestreo de la organización ecologista Unión Mundial para la Conservación (IUCN por sus siglas en inglés) y el Banco Mundial, la tecnología más favorecida por los especialistas fue la energía solar para agua caliente y electricidad con el 74 por ciento de los votos.
El resultado también revela que los expertos piden un mayor énfasis para la protección de la biodiversidad.
"Necesitamos estudiar más cómo usar los biocombustibles", afirmó una funcionaria del IUCN. “Porque ya se ha visto que no podemos utilizarlos sin pensar en las necesidades de los más pobres y su acceso a la tierra".
Según el reporte, la encuesta contradice los empeños de la Unión Europea y Estados Unidos acerca de aumentar el uso de los agrocombustibles, por lo que, a todas luces, el balance científico de fin de año para este tipo de energético es NO, aunque la inversión en el bloque europeo y en el país del Norte aumente.
No puede negarse que en el 2007 puede haber avanzado algo la conciencia sobre el ahorro de hidrocarburos y el uso de energías no contaminantes, sin que aumenten el hambre y la pobreza.
Pero el objetivo empresarial de obtener mayores utilidades suministrando alimentos a inyectores y carburadores no ha cedido esencialmente en Europa ni en Estados Unidos.
*Especialista de Prensa Latina en temas globales y de integración latinoamericana.