Por: Ernesto Montero Acuña, E-Mail: serviex@prensa-latina.cu
Los informes Perspectivas Globales y Políticas del Fondo Monetario Internacional y acerca del desarrollo para el 2008 del Banco Mundial (BM) coinciden en reconocer los efectos negativos de los agrocombustibles en la elevación de los precios de los alimentos y en una mayor polarización entre países ricos y pobres.
El FMI afirma que los llamados “ biocombustibles “ originan inflación, debido al incremento de los precios en varios renglones alimenticios vitales, como ya ocurre con los cereales de mayor demanda, entre ellos trigo, maíz, arroz, cebada.
Por su parte, el BM considera en su documento titulado Agricultura para el desarrollo que la fabricación de estos energéticos en países industrializados, basada en grandes subsidios a los productores, perjudica a las naciones subdesarrolladas.
La publicación on line portafolio.com publicó, el 23 de octubre pasado, que en un capítulo especial dedicado al tema de los agrocombustibles, el Fondo considera que el daño se globaliza, al subir los precios de los alimentos como consecuencia de la demanda de los energéticos.
Al respecto, la institución concluye que “se aumenta el riesgo de inflación, lo que al final de cuentas es perjudicial para las economías del mundo“.
Analistas infieren que ahora se reconoce, junto con los problemas alimentarios y de pobreza enunciados por diversas fuentes y autoridades en la materia, la ocurrencia de este daño global, como uno de los resultados ya palpables para el FMI.
En consecuencia, exhorta a que se eliminen las barreras a países fabricantes de
“biocombustibles”,como Brasil, donde la producción es barata y eficiente. Pero se agrava fuertemente en los mercados estadounidense y europeo para reducir la competitividad brasileña.
No parece previsible que el reclamo surta efecto, sin embargo, debido a las condiciones que lo impiden tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea.
La entidad recomienda mayor monitoreo sobre los precios de los alimentos y sostiene que el impacto de los agrocombustibles en la reducción de los precios del petróleo será pequeño. Aunque, por el contrario, estima que su reflejo en el costo de los alimentos resultará tangible.
Para proveer el 15 por ciento de las necesidades de combustibles con productos provenientes de la agricultura será necesario incrementar en el 2015 el área cultivada de agroenergéticos en el 45 por ciento, con efectos ambientales, económicos y sociales adversos.
De otra parte, el Banco Mundial admite en su informe sobre el desarrollo mundial para el 2008 que la creación de “ biocombustibles “ en países desarrollados, basada en grandes subsidios a los productores, perjudica a países como Colombia y otros en vías de desarrollo.

La fabricación mundial de etanol en el 2006 ascendió a cerca de 40 mil millones de litros, el 90 por ciento de la cual correspondió a Brasil y Estados Unidos; y la del llamado “ biodiésel “ , a unos seis mil 500 millones de litros, de los cuales el 75 por ciento fue elaborado en la Unión Europea.
El primero se obtiene de la caña y el maíz; y el segundo, principalmente de oleaginosas.
Entre éstas, las más producidas y con mayores precios en los mercados del mundo son soya, canola, cártamo, algodón, girasol, olivo, maíz, lino, cacahuate y ajonjolí, aunque la primera es la más universal y apreciada.
Según Clarín Eco, el precio de ésta se había elevado en Argentina, el 28 de septiembre pasado, por encima de los 800 pesos la tonelada (un peso igual a 0,31486 de dólar), el 52 por ciento más que la cotización de un año atrás.
El maíz también quebró un techo de 400 pesos la tonelada, de modo que en la misma fecha, de acuerdo con Matías Longoni en la referida publicación, valía el 42 por ciento más que en el 2006.
En cuanto al trigo, tercer cultivo en importancia nacional, se negociaba por entonces a 600 pesos la tonelada, de lo cual se infiere que, si estos números se mantienen, la próxima cosecha argentina valdrá cerca del 50 por ciento más que la de 2006-2007 y reportaría un ingreso extra de cinco mil millones de dólares.
La elevación se origina en una oferta mundial de granos que, aunque abundante, no alcanza para satisfacer la demanda. Debido a ello, las subas, a la par que aportan más divisas a la economía, presionan sobre los precios de los alimentos.
Es decir, aunque la Argentina, privilegiada en este orden, se autoabastece y es largamente excedentaria --en especial de soya, de cuya cosecha exporta el 95 por ciento--, internamente también siente el impacto de la ola alcista. Más grave se torna la situación en países que reciben, del alza, sólo los costos.
En esta sucesión de causas y efectos, la temporada pasada el 20 por ciento del maíz en Estados Unidos se destinó a la producción de etanol, lo que duplicó el precio del grano y desequilibró el mercado internacional, debido a que este país debe responder por dos tercios del comercio mundial.
Debe tenerse en cuenta, en cuanto a otros cereales y oleaginosas, que el etanol en la Unión Europea se obtiene, a diferencia de Brasil y Estados Unidos, a partir de trigo, cebada, soya y remolacha, con costos de producción ó bastante superiores ó a los de ambos países americanos.
Este consumo gravita sobre la apreciación de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación acerca de que la cosecha de cereales no resolverá los problemas antiguos de alimentación en muchas regiones del mundo, pues se deben a la mala distribución de la renta y no a la falta de alimentos.
En 33 países el hambre será crítica y, a la vez, la producción cerealera en las más de 50 naciones africanas, que no consiguen aumentar su cosecha, es inferior a la de Argentina por sí sola.
La meta anunciada en enero por el presidente Bush de sustituir, en los próximos 10 años, el 20 por ciento del consumo estadounidense de gasolina abre un mercado de 132 mil millones de litros anuales de etanol, que representan 2,6 veces la producción mundial del presente.
El caso de la UE también incidirá en el mercado internacional, debido a que los países del bloque deben reemplazar igual porcentaje al estadounidense para el 2020, un salto significativo si se tiene en cuenta que la recomendación para el 2010 es añadir sólo hasta el 5,75 por ciento a la gasolina y el gasóleo.
A los problemas energéticos y ambientales existentes, continuará uniéndose crecientemente, en consecuencia, la progresiva elevación de los precios de los alimentos, hecho que comienza a inquietar en organismos internacionales.
La mayor preocupación es porque el hambre, metamorfoseada en inflación, está extendiéndose en el mundo.
Nota: Especialista de Prensa Latina en temas globales y de integración latinoamericana.