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Tanto durante la guerra revolucionaria como después del triunfo de la Revolución -no obstante el prestigio y autoridad que tenía- el Che actuó de la forma más sencilla posible y se comportó así hasta en instantes particularmente anónimos, sólo del conocimiento de sus más allegados.
Che no luchó para recibir honores, ni admitió privilegios. Solía comportarse como uno más en la sociedad, aunque por supuesto su presencia despertase o llamase la atención.
Leonardo Tamayo, quien combatió junto al Che durante la lucha revolucionaria en Cuba y después fuera jefe de su escolta, narró como reaccionaba ante hechos aparentemente intrascendentes.
"Siempre iba a autocines; él, la mujer, los muchachos y nosotros los escoltas. En varias oportunidades los taquilleros no le querían cobrar la entrada. Él les respondía que era un usuario más y había que cobrarle como a otro cualquiera: esto es propiedad del pueblo, y no en particular de nadie, por tanto, yo tengo que pagar mi entrada igual que los demás ciudadanos de este país".
También diversos trabajadores han testimoniado cómo el Che solía relacionarse con ellos durante las numerosas visitas que efectuara a fábricas y talleres y también cuando realizaba jornadas de trabajo voluntario.
El minero Pablo Hernández Padrón, quien trabajó en Minas de Matahambre en la provincia de Pinar del Río, recordó la visita del Che a este lugar.
"Llegó sorpresivamente. Yo estaba perforando desde hacía cuatro horas cuando sentí que me llamaban por la espalda. A la luz de la linterna no podía distinguir quién era, sólo vi un grupo de hombres. Uno de ellos se adelantó con la mano extendida, mientras otro me decía: Pablo, es el Che que ha venido a visitarnos."
Yo no lo podía creer; el Che, a casi dos kilómetros bajo tierra, me ofrecía la mano.
No comandante, la tengo sucia, le dije, y su respuesta fue aún más impresionante. No importa chico, esa son las manos que a mí me gusta estrechar, las de los obreros.
Me dio un abrazo sin mirar que yo estaba lleno de mineral de pies a cabeza.
Luego hizo infinidad de preguntas, lo que estaba haciendo, sobre el horario, si me cansaba mucho, años que llevaba como minero, por mi familia.
Finalmente miró para el taladro eléctrico que usamos para picar la roca y preguntó si pesaba. Lo tomó en sus brazos y perforo por espacio de unos cuantos minutos…
En carta dirigida al director del periódico Revolución, contesta con firmeza a las injurias que había publicado contra él un periodista en la revista Carteles.
En la sección de dicha revista titulada "Tras la Noticia ", se había publicado una nota con el título, aparentemente ingenuo: "El Comandante Guevara fijó su residencia en Tarará."
"Le aclaro a los lectores de Revolución que estoy enfermo, que mi enfermedad no la contraje en garitos ni trasnochando en cabarets, sino trabajando más de lo que mi organismo podía resistir para la Revolución.
Los médicos me recomendaron una casa en un lugar apartado de las diarias visitas y Recuperación de Bienes me prestó ésta que habitaré en la referida playa hasta que los colegas que me atienden me den el alta; debí ocupar una casa de personeros del antiguo régimen porque mi sueldo de $125.00 como oficial del Ejército Rebelde no me permite alquilar una con suficiente amplitud para albergar a la gente que me acompaña."
La Universidad Central de Las Villas le concede el título de Doctor Honoris Causa de la Facultad de Pedagogía. Al hablar en la solemne actividad, el Che expresa que sólo aceptaba dicho título por considerar que éste constituía un homenaje a nuestro ejército del pueblo.
"No podría aceptarlo a título individual por la sencilla razón de que todo lo que no tenga un contenido que se adapte solamente a lo que quiere decir, no tiene valor en la Cuba nueva; y cómo podría aceptar yo personalmente, a título de Ernesto Guevara, el grado de Doctor Honoris Causa de la Facultad de Pedagogía, si toda la pedagogía que he ejercido ha sido pedagogía de los campamentos guerreros, de las malas palabras, del ejemplo feroz, y creo que eso no se puede convertir de ninguna manera en una toga; por eso sigo con mi uniforme del Ejército Rebelde aunque puedo venir a sentarme aquí, a nombre y representación de nuestro ejército, dentro del claustro de Profesores. Pero al aceptar esta designación, que es un honor para todos nosotros, quería también venir a dar nuestro homenaje, nuestro mensaje de ejército de pueblo y de ejército victorioso."
En carta dirigida al amigo mexicano José Tiquet, el Che le señala que sólo cuenta con los modestos ingresos correspondientes a su sueldo como Comandante del Ejército Rebelde, por lo que le resulta imposible poder costearle su viaje a Cuba.
"Mis ingresos se limitan a mi sueldo como Comandante del Ejército Rebelde, el que de acuerdo con la política de austeridad de nuestro Gobierno Revolucionario, es solamente el necesario para proporcionarnos un nivel de vida decoroso..."
En una breve carta dirigida a Haydée Santamaría , directora de Casa de las Américas, Che le comunica que ponía a disposición de esa institución el dinero que le pagaba como derecho de autor por la edición del libro "Pasajes de la Guerra Revolucionaria", que recogía sus vivencias durante la lucha revolucionaria.
"Le di instrucciones a la Unión de Escritores que pusieran ese dinero a disposición de ustedes, como una medida de transacción para no entrar en una lucha de principios que tiene alcances más vastos, por una bobería.
Lo único importante, es que no puedo aceptar un centavo del libro que no hace más que narrar las peripecias de la guerra. Dispón del dinero como te parezca."

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