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Este es el Che que conocemos
Por Juan Almeida Bosque*
En la velada solemne en que el comandante en jefe se dirigió al pueblo con motivo de su muerte, resumió en el discurso prácticamente todo lo que en realidad se podía destacar de los méritos y virtudes que acumulaba la extraordinaria personalidad del Guerrillero Heroico.
Si aIgo pudiéramos agregar sobre los matices más relevantes del Che, no sería más que referencia de las impresiones personales que en nosotros dejó profundamente marcadas, la conducta ejemplarizante que siempre caracterizó su quehacer revolucionario y su trabajo creador.
Mucho tuvo que significar para nosotros ver en los momentos más difíciles y cruciales de la lucha armada a aquel hombre sufriendo estoicamente su padecimiento de asma, sin quejarse, y sin que ello fuera obstáculo no sólo para cumplir con sus obligaciones como guerrillero, sino para lograr destacarse en muchas ocasiones por sobre nosotros.
Su preocupación y comprensión hacia sus compañeros. Su sentido de la equidad, de la justeza. Su modestia y sencillez. Su constante disposición al sacrificio por los demás, por sus ideas y por sus principios. Su autodisciplina. Su carácter exigente con sus subordinados, para garantizar que cualquier misión saliera bien, comenzaba con el ejemplo de ser exigente consigo mismo. Todo esto, sin hablar de su arrojo y su valentía, lo cual Fidel ha destacado tan brillantemente.
Los que tuvimos la oportunidad de convivir durante mucho tiempo con el Che, supimos aquilatar las extraordinarias fibras humanas, propias de un verdadero comunista.
Despojado de cualquier forma de prejuicios, miraba a las personas con el sentimiento realmente humano de quien consagró su vida en aras de la emancipación de los hombres de la explotación imperialista; de la humillación y el sufrimiento que ellos padecen, sobre todo, en esta parte del mundo, que ocupan nuestros pueblos de la América Latina. .
Muchas son las anécdotas, los hechos que sirvieron siempre para mostrar la calidad y la sensibilidad humana de este hombre. Aquella que narra el propio Che, en el pasaje que escribió sobre el ataque al Uvero. Su altísimo sentido de responsabilidad, su inteligencia, su capacidad para enfrentar las más difíciles situaciones contribuyeron decisivamente en aquel momento, a salvar la vida de todos los que fuimos heridos durante este episodio de la guerra.
Y si quisiéramos relatar su alto sentimiento para con sus compañeros, podríamos también recordar su reacción cuando tuvo que dejar al cuidado del médico militar de aquel cuartel a uno de los nuestros mortalmente herido, a Cilleros: "...me saludó con una sonrisa triste que podía decir más que todas las palabras en ese momento y que expresaba su convicción de que todo había acabado. Lo sabíamos también y estuve tentado en aquel momento de depositar en su frente un beso de despedida, pero, en mí más que en nadie, significaba la sentencia de muerte para el compañero y el deber me indicaba que no debía amargar más sus últimos momentos con la confirmación de algo de lo cual él ya tenía absoluta certeza. Me despedí, lo más cariñosamente que pude, y con enorme dolor, de los dos combatientes que quedaban en manos del enemigo".
Es por todo esto que, junto a la admiración que sentimos ante sus cualidades como revolucionario, guerrero, dirigente y como persona, también ganose nuestro más profundo sentimiento de amistad, de compañerismo y hermandad. Nuestro cariño más sincero y nuestro respeto.
Este es el Che que conocimos, mejor dicho, que conocemos, porque como dijera Fidel en una ocasión, de Ernesto Guevara nunca se podrá hablar en pasado.
*Comandante de la Revolución, fue compañero de armas del Che en los difíciles y gloriosos días de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra
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