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Pequeños, fijos, penetrantes ojos*

Por HAYDEE SANTAMARÍA


Fíjese, Rama, cuántos no criticaron a Che, cuántos no lo criticarán porque ellos no pueden ser Che, ve qué cosa tan pequeña, otros no lo criticarán, dirán: ¿ni él pudo? Con eso muchos creerán que se dice de él algo grande y con eso le estarán haciendo una crítica muy sutil a sus ideas, porque él sí pudo, tal vez para seguir pudiendo le faltaron hombres que no fueron junto a él porque sabían que no podían ser él, ésos son algunos, otros porque de verdad prefieren esa vida pequeña en el trajín diario y no hacer algo que puede lucir pequeño pero es grandioso aliado de la pequeñez cotidiana, por eso creo que debemos estar alertas, si no somos capaces de hacer cosas, hechos, sí tener honestidad para quienes todo lo dieron sin pedir nada, para quien teniendo todo, historia, un pueblo que lo hizo suyo, el poder para crear cosas grandes, pero más cómodamente, hijos, «críos» como decía él, una compañera que era amada por él y que lo adoraba, ¿qué más podía pedirle a la vida? Lo que no saben los pequeños que él no le pedía nada a la vida, lo que deseaba era darle, todo lo dio y todo nos dejó.

Tal vez le harán justificados monumentos en bronce, en mármol, en piedra, no sé en qué se lo harán, lo que sí sé «que algún viajero llegará al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntará dónde se come o se duerme, sino cómo se va adonde está la estatua» y allí rendirán generaciones y generaciones tributo «A todos: al héroe famoso y al último soldado, que es un héroe desconocido» pero nunca tan desconocido para no rendirle ese tributo.

No puedo negarle, Rama, que el dolor nos aplasta por momentos la indignación, y sabiendo que ese viajero llegará un día, allí a su estatua, cuánto diéramos por ver sus ojos abiertos, ¿por qué si tantos que nada importaría que estuvieran abiertos o cerrados porque de ninguna forma ven, podrán estar muy abiertos pero sin luz, y la luz que puedan apagarla, aunque sea por un tiempo, sabemos muy bien que otros alumbrarán, cuánto podían haber alumbrado esos, pequeños, fijos, penetrantes ojos, pero de todas maneras sabemos que alumbrarán y diremos, «Ahora es el viento, ahora es el Che peleando para siempre en el aire del mundo».

*En rigor página salvada, este fragmento (con titulo escogido por la Redacción) de una carta dirigida a Ángel Rama con fecha 23 de noviembre de 1967, ocupa el lugar que a su autora le corresponde entre coprotagonistas del Che. (Copia del original se conserva en el archivo de la Casa de las Américas.)


Fuente:

Revista Casa de las Américas No. 206 (enero-marzo 1997)

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