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Ernesto Che Guevara:
diarios de entereza y ejemplo

Por: Gustavo Robreño Díaz*,
serviex@prensa-latina.cu



Mucho se debate sobre la conveniencia o no de que los participantes en los conflictos armados realicen anotaciones que lleven consigo, a modo de diario.

Es generalizado el criterio de que un Diario de Campaña, ya sea extraviado u ocupado a un combatiente caído o hecho prisionero, puede facilitar al adversario información sensible sobre composición, dislocación y otras interioridades de las fuerzas propias.

Sin embargo, por suerte para la historia americana, esta norma no se cumple siempre con rigurosidad. Sería sumamente difícil, sin algunos afamados Diarios, tener una idea aproximada -al menos- de los más importantes pasajes de las gestas libertarias en nuestro continente.

Reflexiones de cada día

Fue costumbre de Ernesto Che Guevara, en los momentos trascendentales de su existencia, realizar anotaciones en las que resumía las reflexiones de cada día.

En sus diarios hallaron cauce las más vivas expresiones de su espíritu profundamente observador y analítico, a la vez que mostraron matices variados, pasajes casi poéticos y -como era propio de su personalidad- con ese fino humor que alguien calificó de "corrosivo".

Su viaje de Buenos Aires a Córdoba, en enero de 1950, marcó el inicio de su afición por los diarios, una costumbre que lo acompañó hasta el final de la gloriosa existencia.

En 1952, acompañado de su amigo Alberto Granados, hizo su primer viaje por América Latina a bordo de una vieja motocicleta. Recorrió algunas provincias de Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela, todo lo cual plasmó en lo que constituyó su segundo diario.

Durante la gesta guerrillera en la Sierra Maestra, como el más esforzado de los corresponsales de guerra, consolidó su práctica de recoger ordenada y cronológicamente los pormenores de cada jornada.

Según testigos presenciales, cuando al final de cada día los combatientes aprovechaban para descansar el breve tiempo que disponían para ello, el Che sacaba su pequeña e inseparable libreta de apuntes y se abstraía en sus anotaciones.

Con ella conformó, posterior al triunfo revolucionario de 1959, sus épicos "Pasajes de la Guerra Revolucionaria", con análisis políticos y militares, así como se puede conocer de primera mano su profunda sensibilidad humana.

En opinión del presidente cubano, Fidel Castro, su jefe y testigo excepcional de aquellos hechos, "…sus narraciones de la guerra son insuperables. La profundidad de su pensamiento es impresionante…".

Diario de un tiempo heroico

Esa costumbre suya se mantuvo en los días de la gesta boliviana y ello le permitió legar a la posteridad uno de los más importantes documentos de la historia de los movimientos de liberación nacional en nuestro continente: el Diario del Che en Bolivia.

En la "Introducción necesaria" -que a manera de prólogo acompañó su publicación- el líder de la revolución cubana consideró el Diario de Bolivia como un documento de inapreciable valor, "poseedor de información pormenorizada y rigurosamente exacta".

Al decir de los destacados investigadores cubanos Adis Cupull y Froilán González, al leer su diario de Bolivia "…recorremos con él y los demás compañeros de la guerrilla caminos y sendas; cruzamos quebradas y subimos los difíciles firmes de la serranía…".

Cobra valor adicional, porque fue escrito en sus ratos de escaso descanso y en medio del gran esfuerzo físico que para él constituían las agotadoras jornadas de marcha y combate, la inseparable asma y la responsabilidad como jefe del núcleo guerrillero.

Tanto los Pasajes de la Guerra Revolucionaria como el Diario de Bolivia fueron publicados; no era esa la pretensión. De ahí el estilo intimista, personal y reflexivo que le confiere un inestimable valor, más allá de simples compilaciones cronológicas.

Sus apuntes fueron un instrumento de trabajo que le permitía la recapitulación constante de los hechos y situaciones que se daban en las difíciles condiciones de la vida en campaña, así como la evaluación permanente de los subordinados.

A pesar de ello, no están desprovistos de matices variados, pasajes casi poéticos y, como era propio en su personalidad, de un fino humor. Sus notas, concisas y escuetas, fueron apuntes para el recuerdo y la reflexión, presentados como chispazos del tiempo heroico que le tocó vivir y que el mismo se esforzó en construir.

Al adentrarnos en sus diarios comprendemos que fueron escritos por alguien en cuya personalidad confluía la voluntad indoblegable de un revolucionario apasionado.


*El autor es Colaborador de Prensa Latina.

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