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Apuntes de diario
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Aviación
Desde que era un jovenzuelo Ernesto Guevara comenzó a sentir gran inclinación por la aviación. En 1949 su tío Jorge de la Serna le enseñó nociones de pilotaje.
Pero su anhelo de volar no se hace realidad hasta diez años después en Cuba, cuando recibe instrucción con el piloto Eliseo de la Campa. Ellos se conocieron el 6 de enero de 1959 cuando de la Campa llega a la fortaleza de La Cabaña en La Habana para trasladar al comandante guerrillero a Isla de Pinos. Sobre este encuentro, el piloto recordó:
"En el polígono de La Cabaña aterricé y allí nos encontramos. En cuanto cruzamos las primeras palabras me di cuenta de que tenía conocimientos sobre aeronáutica."
"...Cuando despegamos me pidió los controles y al situarse frente a ellos me percaté de que sabía lo que estaba haciendo."
El 2 de enero de 1963, Che tuvo oportunidad nuevamente de demostrar sus habilidades. Para conmemorar el cuarto aniversario del triunfo de la Revolución se organizó un desfile militar en la Plaza de la Revolución de La Habana. El Che participó en ese desfile a bordo de uno de los veloces aviones que sobrevolaron las tropas.
El piloto Luis Hernández Ocea narra lo ocurrido ese día:
"Dieciocho aviones "Trainer Master" integrarían la formación denominada V de la victoria, que desfilarían sobre la Plaza de la Revolución. Los tripulantes éramos instructores del Instituto Técnico de Aviación, en el que yo servía como tal, y alumnos aventajados del curso. A mí se me designó para pilotar el aeroplano de punta, es decir, el avión líder.
El 2 de enero, en horas tempranas, me lo presentaron en el aeródromo de Ciudad Libertad, desde donde partiríamos. No intercambiamos en aquel momento más que el saludo. Sobre las diez de la mañana abordamos los aviones."
"...Ocupé la cabina delantera, él la de atrás. Me invadía una preocupación grande, pues el "Trainer" es un aparato para pilotos de alta escuela, sumamente sensible. Por otro lado, el vuelo en formación requiere práctica. Me decidí y con un poco de temor le dije que no tocara nada. Su respuesta me sorprendió: No tocaré nada. Vuele usted…
Minutos más tarde todo se había desarrollado exitosamente. Una vez sobrevolada la Plaza y rota la formación para el regreso a la base, escuché su voz por los auriculares pidiéndome que le pasara los controles. Voló un rato, realizando algunos giros, picadas, ascensos y otras maniobras no muy complicadas. Constaté que tenía dominio del aparato. Como el "Trainer" es un avión de alta escuela, le pedí ejecutar yo el aterrizaje."
"...A esa hora cometí un error grave: pensé en la responsabilidad que caía sobre mí al llevarlo a él como acompañante y en los que desde abajo se mantenían con los ojos puestos en mi aeroplano. Cuando quise hacer las cosas impecablemente los nervios me traicionaron. Como resultado pudo ocurrir un accidente, pues al tocar tierra el avión saltó y poco faltó para que se despistara. ¡Una novatada¡. Alumnos e instructores presenciaron aquello. Mientras caminábamos junto al grupo que se nos unió, rumbo al edificio de la base, el Comandante me miró de soslayo, como reprimiéndome en su yo interno de piloto, y comentó en voz alta: El aterrizaje lo hice yo. Respiré entonces con tranquilidad ante mis compañeros de oficio, pero con él continuó comprometido mi orgullo de aviador".

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